Por Sergio Pastrana D’Abbadie
En la Ciudad de México hay colonias que se viven como pequeños mundos dentro del gran caos urbano. Con sus calles arboladas, su mezcla de arquitectura clásica y contemporánea, y una sensación de calma, pero sin perder vitalidad, la colonia Del Valle ha logrado mantener una identidad acogedora y vibrante a la vez. Ahí conviven familias de toda la vida con nuevas generaciones y se camina con calma entre parques, librerías, panaderías y cafés de autor. La Del Valle tiene ritmo, pero no prisa; personalidad, pero sin pretensiones.
En medio de este entorno entrañable, un restaurante parece entender perfectamente el espíritu de la colonia. ELINE es un espacio donde la comida se sirve con calidez, en un ambiente relajado que invita a quedarse. Más que un simple lugar para comer es un refugio gastronómico que abraza con sabores caseros y detalles que despiertan la nostalgia.
Detrás de la fachada que combina puertas de cristal con herrería negra y una celosía de formas cuadrangulares, uno se encuentra con una barra vintage y elegante que da paso a un diner muy al estilo estadounidense. La parte exterior es una terraza con mesas amplias y cómodos sillones y un patio empedrado con techo retráctil. Todo con un toque hogareño siempre acompañado de flores, como en la casa de la abuela.
La idea de los creadores de ELINE siempre fue reproducir la comida casera, la que cura, la que pasa fácil. Y lo lograron. El menú, creado con recetas simples pero contundentes, es bueno para desayunar, comer o echar brunch; en familia, con amigos, en pareja y hasta solo.
En las mañanas no falta un buen tazón de frutas de temporada, pan francés, hot cakes, chilaquiles o enchiladas, un avocado toast o unos huevitos en diferentes versiones, que van desde rancheros o aporreados hasta benedictinos, en omelette o como tortilla española.
Si uno pretende ir a la hora de la comida, las opciones son variadas, pero vale la pena empezar con algunas cositas al centro: fideo seco, dip de alcachofa con queso parmesano y cebolla y una burrata con aliño de aceite de oliva, vinagre balsámico con hierbas, tomate cherry y jamón serrano horneado.
Para el segundo tiempo habrá que elegir de la sección de sándwiches o de la de platos fuertes. De la primera, la hamburguesa es excepcional, así como el french dip; de la segunda, la pechuga de pollo en salsa de espinaca o el risotto de hongos valen toda la pena.
Si alguien se quedó con ganas de algo salado, hay sopas, ensaladas y tacos. Y para quien tiene un segundo estómago para el postre, de entre las cuatro opciones destacan la pavlova de frutos rojos y el cheesecake de lavanda.
Si algo caracteriza a ELINE es que invita a quedarse. Ya sea para acompañar los alimentos o para una larga sobremesa, la sommelier Laura Santander curó un breve pero espectacular menú de vinos que incluye tinto, rosado, blanco y naranja, todos mexicanos de distintos estados como Coahuila, Hidalgo, Aguascalientes, Guanajuato y Baja California.
Por si fuera poco, ELINE resulta ser un lugar donde la música también apapacha al alma y al estómago. De jueves a domingo, selectores de vinilos toman las tornamesas en la tarde noche, ofreciendo una experiencia sonora de altos vuelos.
Este es un lugar ideal para quienes buscan algo rico, bonito y sin complicaciones.
ELINE
Pilares 46, Colonia del Valle Centro, Benito Juárez, 03100. Ciudad de México.
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